Para preparar la base de nuestra tarta, exprimimos el zumo de los limones y las
limas y rallamos la piel de una lima y de un limón. Reservamos. En un bol mezclamos el queso crema, la leche condensada y la leche evaporada y mezclamos con una batidora de varillas. Añadimos la ralladura de los cítricos y removemos. Agregamos el zumo de limón y lima poco a poco. La mezcla irá espesando. Removemos e integramos hasta conseguir una masa homogénea y densa.
En un molde circular desmontable forramos la base con papel film y hacemos una primera base de galletas María siguiendo la forma del molde y rellenando los huecos, y la cubrimos con la crema que hemos preparado. Vamos alternando capas de galleta y relleno hasta terminar nuestra última capa con crema. Dejamos enfriar nuestra tarta en la nevera un mínimo de 9 horas, cubierta con papel film.
Para preparar el merengue, separamos 50 gramos de azúcar del resto, que
usaremos para montar las claras. En un cazo añadimos el azúcar restante y los 80 ml de agua. Lo ponemos a calentar al fuego unos 10 minutos para hacer un almíbar.
En un bol con la ayuda de unas varillas montamos las claras con una pizca de
sal y unas gotas de limón. A medida que se vayan montando añadimos el azúcar
que habíamos separado y montamos hasta que lleguen a punto de nieve.
Llegados a este punto y sin dejar de batir añadimos el almíbar caliente en forma de hilo hasta incorporarlo por completo. Esto permitirá que las claras se cocinen. Batimos y, una vez montado el merengue, reservamos en la nevera al menos 30 minutos para que coja aún más consistencia.
Desmoldamos y colocamos sobre una fuente. Con una manga pastelera, decoramos la superficie con el merengue. Agregamos limas en rodajas y galletas María para decorar.
Hay postres que nacen en la alta repostería y que encuentran su lugar en la cocina casera más humilde hasta convertirse en algo cotidiano. La Carlota o Charlotte, en su origen francés, es uno de ellos. Su nombre se vincula a la reina Carlota de Mecklemburgo-Strelitz y en sus primeras elaboraciones se trataba de una tarta con técnicas de repostería francesa más estructuradas y complejas. La gran influencia de la cocina francesa en México hizo que esta receta evolucionara allí hasta convertirse en lo que es ahora, un postre sencillo, rico y al alcance de todo el mundo.
Dejar nueve horas en el frigorífico y servir bien fría. Opcionalmente se puede acompañar con unas hojas de hierbabuena para darle un extra de frescor.
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