Con la llegada de la primavera, muchas las frutas más apetecibles se pueden consumir sin pelar. Lejos de ser una cuestión baladí, que las frutas se puedan consumir con piel implica que con su ingesta absorbemos buena parte de su fibra, de sus antioxidantes y de sus micronutrientes, además de resultar más saciantes.
La piel de la fruta actúa como una capa protectora, tanto para la fruta como para quien la consume. En la piel se concentra mucha fibra, polifenoles y flavonoides (antioxidantes) con gran capacidad para combatir es estrés oxidativo. Además, muchas de sus vitaminas y compuestos saludables se encuentran bajo la piel, y si la pelamos, perdemos todos esos beneficios.
Conservar la piel también contribuye a modular la absorción de azúcares, evitando picos de glucosa y aportando una energía más estable.
Comer fruta sin pelar no requiere de ninguna ciencia, tan solo hay que procurar lavarla bien. Lo primero es lavarse las manos antes de manipularla. Después, colócala bajo un chorro de agua fría y frótala suavemente con las manos para eliminar suciedad, restos de pesticidas y posibles bacterias. En el caso de frutas de piel delicada como fresas o uvas, conviene enjuagarlas con cuidado para no dañarlas. Una vez lavada, escúrrela o déjala secarse sobre papel de cocina limpio.
Al comerla con la piel, no solo la aprovecharás en su totalidad, también te resultará más digestiva y, como alimento, mucho más completo.
En primavera llegan al mercado frutas como fresas, cerezas, frambuesas y arándanos que, tradicionalmente se comen con piel; también permanecen manzanas y peras, frutas de árbol que en su piel concentran muchos nutrientes.Las uvas aún siguen de temporada y las frutas de hueso como nísperos, albaricoques y ciruelas tempranas también son susceptibles que degustarlas con piel.
La piel de la manzana concentra gran parte de lo más saludable de la fruta. Si la tomas sin pelar no perderás la mayor parte de la fibra -sustancia clave para que te resulte saciante y te procure una buena digestión- ni de sus antioxidantes.
En la piel de las uvas se concentran antioxidantes como el resveratrol, que ayudan a proteger el corazón y combatir el envejecimiento celular. Además, tiene fibra y favorece una mejor regulación del azúcar en sangre. Sin la piel, la uva pierde gran parte de sus beneficios nutricionales.
Lo habitual es comer los frutos del bosque con su piel, y aunque así lo hagas, no está de más recordarte sus beneficios. En la piel concentran antioxidantes y fibra, que protegen el corazón, favorecen la digestión y ayudan a regular el azúcar en sangre. Sin la piel, perderían gran parte de sus beneficios.
Al igual que ocurre con la mayoría de fruta, la piel de la pera concentra la mayor parte de fibra y antioxidantes de la fruta. Consumirla protege el corazón y contribuye a la regulación del azúcar en sangre. Comer piel y pulpa a la vez, maximiza los beneficios del consumo.
La piel de la ciruela concentra gran parte de su fibra y antioxidantes (sobre todo en las negras o las moradas), que ayudan a la digestión y protegen la salud. También la piel tiene un aporte extra de vitaminas A y C.
Aunque te resulte sorprendente, la piel del kiwi amarillo también es comestible y muy beneficiosa. Tiene más fibra y antioxidantes que la pulpa, lo que mejora la digestión y la salud intestinal. Además, ayuda a absorber el azúcar de forma más lenta. El kiwi verde también se puede comer con piel, aunque por textura y ‘pelillos’ te puede resultar algo desagradable.
La piel de la naranja no se suele comer no porque no sea comestible, sino porque es amarga, dura y poco agradable al masticar. No obstante, eso no evita que puedas disfrutar de sus propiedades ya que rallada (en salsa o en ensaladas) o confitada es agradable para el paladar.
Como la piel de otras frutas, la de la naranja es muy nutritiva, rica en fibra y en antioxidantes.
Comer las fresas con piel es necesario: su piel concentra gran parte de su fibra, vitamina C y antioxidantes, y sus pequeñas semillas tienen distintos nutrientes que contribuyen a una buena digestión.
Al igual que ocurre con la piel de la naranja (o de otros cítricos), la de la lima aporta aceites esenciales muy aromáticos, antioxidantes, vitamina C y fibra, por lo que puedes consumirla como ingrediente en distintos platos ya sea sola o junto a su zumo.
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