Descubre dónde encontrar los probióticos que tu cuerpo necesita y cuál es la cantidad que debes tomar para cuidar tu salud como te mereces.
Desde los inicios del siglo XX, científicos y médicos de todas partes del mundo se fijaron en la relación entre la microbiota el envejecimiento y la enfermedad.
La microbiota es un ecosistema de microorganismos concentrados, sobre todo, en la zona tracto intestinal. Cómo alimentar esos microorganismos y cómo reponerlos empezó a ser prioridad en muchos ámbitos de la salud. La respuesta estaba en los probióticos, que son bacterias y levaduras para “repoblar” la microbiota.
¡Ojo! No hay que confundirlos con los prebióticos como la fibra, que no añaden, sino que dan de comer a esos microorganismos.
Esos microorganismos tienen nombres como Lactobacillus casei o Bifidobacterium, dos de las cepas más conocidas, pero hay cientos de ellas, y cada cepa puede actuar de manera diferente sobre tu salud intestinal. Unas ayudan a disminuir el estrés y la depresión, casi todas mejoran la salud cardiovascular y refuerzan el sistema inmunológico, otras evitan la obesidad y unas pocas tienen un papel relevante frente a cánceres como el colorrectal y el de páncreas.
Los productos fermentados son una de sus principales fuentes, pero esto ya los sabían hace 5000 años. Por aquella época, los fermentados eran muy populares en la alimentación porque fermentar leche, col o trigo permitía conservar estos productos durante más tiempo. Lo de que sus bacterias eran buenas para el organismo lo fueron comprobando con el tiempo.
Hoy, los lácteos y verduras fermentadas siguen siendo imprescindibles para cuidar la microbiota intestinal. También existen productos que, de forma natural, aportan probióticos, como los espárragos, la alcachofa, la avena o las legumbres.
El Consejo Europeo de Información sobre Alimentación (EUFIC), asegura que desde el nacimiento hay que pensar en la microbiota. La leche materna es clave en esta función, y las leches artificiales cuidan mucho el aporte de probióticos que necesitan los lactantes. Hay estudios que aseguran que los pequeños de la casa aumentan su capacidad cognitiva con una microbiota óptima.
Los probióticos están donde menos te lo esperas. Productos como los yogures naturales, el kimchee (fermentado típico de la gastronomía coreana), el chucrut, el kéfir, la kombucha, algunos quesos, el pan de masa madre, encurtidos o el chocolate negro fermentado cuentan con estos microorganismos en cantidades significativas.
Los microorganismos presentes en estos productos se miden en UFC (unidades formadoras de colonias cada 100 g de producto), esto es, una medida microbiológica usada para indicar la cantidad de microorganismos vivos en el alimento.
Sobre la cantidad necesaria de ingesta, la Clínica de la Universidad de Navarra resume que la escala de necesidades podría estar entre 1 y 10 mil millones de unidades formadoras de colonias (UFC) diarias para el bienestar general.
No has de asustarte con estas cantidades: un yogur contiene en torno a 70.000.000 de UFC.
Los yogures deben tener al menos 100.000.000 UFC para ser calificados como probióticos. En la etiqueta suelen indicarlo, aunque no siempre aparece. Activia supera el umbral de 10⁸ UFC por gramo y, en este caso, al llevar fibra, su efecto sobre la microbiota aumenta.
Elaborada a partir de té de hierbas, esta kombucha destaca por su proceso de fermentación y su perfil funcional. Entre sus ingredientes encontramos cultivos de kombucha y compuestos y microorganismos como lactobacilus, es decir, una buena cantidad de probióticos.
Este suplemento se disuelve en agua y destaca por aportar Megaflora 9, una combinación de diferentes cepas de Lactobacillus, Bifidobacterium y Enterococcus, junto con fibras prebióticas como inulina, almidón y FOS, que mantienen una función intestinal óptima.
Podría parecer que un té no puede hacer mucho más que ayudarnos en la digestión, pero este de Pompadour rompe moldes: aporta más de 250 millones de cultivos probióticos por bolsita. La marca recomienda cuatro bolsitas diarias en infusión para disfrutar de todos los beneficios.
Este helado de Proasis acompaña los probióticos con chocolate, y así estar saludable tiene premio. Además, la marca sugiere tomarlo antes de ir a dormir para favorecer su asimilación y evitar la cercanía con platos calientes: el calor y estos microorganismos no forman un buen matrimonio.
Esta bebida fermentada aporta probióticos similares a los del kéfir. Su elaboración con frutas ecológicas como el mango o el melocotón también cuida la salud del medioambiente.
Al menos, así se han presentado este año. Su fórmula, además de una buena cantidad de probióticos, cuenta con proteínas e ingredientes que aportan energía (frutos secos), pero apenas contiene grasas ni azúcar. Ideal para deportistas o para picar entre horas sin remordimientos.
Producto creado para mejorar la salud digestiva, se presenta en polvo para añadir a tu bebida mejorando la experiencia gastronómica y aportando millones de probióticos, prebióticos y extracto de hogos que favorecen el tránsito intestinal y la microbiota.
El kéfir es una bebida láctea fermentada que contiene una mezcla natural de bacterias y levaduras beneficiosas. Es una rica fuente de probióticos, microorganismos vivos que ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal.
Este chucrut es de producción ecológica, bajo en calorías, y una muy buena fuente de fibra y de probióticos que ayudan a regular el tránsito intestina y potenciar el sistema inmunológico.
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