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Nuestras cinco tapas más internacionales

Nuestra cocina es mundialmente famosa por muchos motivos. El jamón ibérico, el vino, el aceite de oliva, la paella, o el queso, por ejemplo, son algunos de nuestros mejores embajadores en el exterior de nuestras fronteras. Pero hay un grupo de platos que cada vez se puede encontrar en más bares y restaurantes en otros países: las tapas españolas. Aquí tienes cinco imprescindibles.

Repóker de ases

Si será nuestra, que a la tortilla de patatas se la conoce como tortilla española. Parece increíble cómo un plato aparentemente tan sencillo, formado a base de patatas, aceite, huevos, sal y cebolla pueda tener tantos resultados distintos. Ya no es que le podamos añadir ingredientes tan distintos como pimientos, chorizo, espárragos trigueros, bacalao… sino que en su composición original, es prácticamente imposible encontrar dos tortillas iguales. Quizá ese sea el motivo de que sea tan popular: que cada persona tiene su tipo de tortilla de patatas preferida, y cuando encontramos una que nos encanta, ya no podemos estar sin tomarnos un pincho cada día.

Y como en cuestiones culinarias las fronteras pierden sentido, a la ensaladilla rusa la hemos adoptado en nuestro país como si fuera una más de nosotros desde hace casi dos siglos. La creó a mediados del siglo XIX el chef Lucien Olivier en Rusia, con una base de patatas, mayonesa y una mezcla de hortalizas. Esta receta se hizo muy popular en el continente europeo, aunque en cada país fue recibiendo ingredientes autóctonos. Así, hoy en día en España la podemos encontrar acompañando a las imprescindibles patatas y mayonesa con guisantes, zanahoria, huevo duro, pimiento asado, espárrago, gambas, palitos de cangrejo o aceitunas. Es un plato muy fresco, en el que el equilibrio es fundamental, y que solemos disfrutar más en verano.

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Una tapa que siempre ha sido humilde pero hoy goza de una merecidísima reputación es la croqueta. Es muy habitual hacer rutas de croquetas en los bares de las ciudades debido a la enorme diversidad de croquetas que podemos encontrar y a que es un plato al que nadie puede -ni quiere- resistirse. Es una elaboración original de nuestros vecinos del norte (proviene del francés croquette, que se podría traducir como “crujientita”). Al parecer, llegaron con la Guerra de Independencia (1808-1814), como una de las muchas modas que se adoptaron en España de los franceses. Pero enseguida se hizo muy célebre entre las clases populares, que la adoptaron como un plato humilde pero delicioso, ya que se podía elaborar con harina y con lo que hubiera sobrado de otra comida. En nuestro país las croquetas son un plato familiar, que requiere de un buen tiempo de elaboración, y que preparamos con todo tipo de ingredientes. Los más habituales son el jamón y el bacalao, pero las podemos encontrar rellenas de carnes de todo tipo, de cocido, de merluza, de queso, de morcilla…

La patata vuelve a ser la protagonista de otra de nuestras tapas más internacionales: las patatas bravas. El hecho de ser un ingrediente económico y muy versátil ha convertido desde siempre a la patata en un producto muy habitual entre las clases populares. A mediados del siglo XX en algunos bares de Madrid se empezaron a servir patatas fritas cortadas en dados y acompañadas de una salsa picante. El color entre rojizo y anaranjado de la salsa se lo daba el pimentón, aunque más adelante se comenzó a reemplazar por tomate frito. Incluso, en el Levante español es habitual verlas acompañadas de salsa alioli. Su sabor picante enamora a quien lo prueba, y es una tapa imprescindible para acompañar una cerveza o una copa de vino.

Y para acabar, viajamos hacia el Norte, para probar una delicia proveniente del mar. Se trata del pulpo a la gallega, o pulpo á feira (en Galicia se le conoce como “pulpo a feria” debido a que su consumo suele estar relacionado con las festividades y las ferias que se organizan en los pueblos gallegos donde se cuecen y sirven grandes cantidades de pulpo). Se trata de un pulpo cocido en una olla de cobre con agua hirviendo, que se sirve sobre una base de patatas cocidas (en Galicia, El Bierzo y Sanabria se las conoce como cachelos), espolvoreado con pimentón (dulce o picante) y regado con un buen chorro de aceite de oliva y una pizca de sal gorda. No es obligatorio, pero los cánones mandan acompañarlo con un vino gallego blanco, como pueden ser el ribeiro o el albariño.

Y ahora… ¿qué tapa te apetece probar hoy?

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¿Cómo freír las croquetas?
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