Seleccionamos ocho vinos de año, o con muy poca crianza, para disfrutar en esos días de calor en los que no queremos renunciar a una buena copa de tinto.
Si eres de los que piensa que tinto y verano solo pueden entenderse a través de esa popular bebida refrescante de origen español que se suele acompañar de gaseosa, sifón o limonada, no puedes dejar de leer las 8 recomendaciones que te traemos a continuación. Porque existe una manera mucho más interesante de disfrutar del vino tinto cuando las temperaturas son más elevadas de lo normal. Nos referimos a esos vinos sin crianza, o que han pasado apenas tres o cuatro meses dentro de una barrica, que jamás deberían entrar en contacto con el hielo y que, eso sí, recomendamos servir a una temperatura más baja de lo habitual, entre 12 y 14 grados.
Frescos, ligeros, especialmente frutales, con buena acidez... Son algunas de las muchas cualidades que debemos buscar en todo buen tinto joven. También es importante que sean cuerpo medio, sin exceso de alcohol ni madera pesada, que en cada sorbo encontremos aromas de frutas rojas como cereza, frambuesa o fresa. Y, por supuesto, tienen que aparecer sí o sí los taninos suaves, que es lo que va a permitir que resulte fácil de beber incluso cuando las temperaturas superen los 30 grados en el exterior.
A partir de ahí, ya dependerá de tus gustos personales que elijas unos u otros, aunque debes tener en cuenta que las variedades más habituales en este tipo de vinos son la tempranillo joven, la garnacha, la mencía y la pinot noir (obviamente, en versiones jóvenes). Del resto se encargarán las tapas o platos que decidas poner como acompañamiento. Suelen funcionar muy bien embutidos suaves, verduras a la brasa, arroces o pescados intensos como el atún.
Muchas veces, lo que buscamos en verano es un vino para el día a día. Y este tinto joven, con un leve paso por barrica de solo 4 meses, reúne todo lo que le pedimos a un tinto de Ribera del Duero que nos sirva por igual para tomar el aperitivo o para ser disfrutado solo mientras disfrutamos de la puesta de sol. Te conquistará, además de por su precio, por sus aromas de frutos rojos y negros. Con un 95% Tempranillo y un 5% Cabernet Sauvignon, este Viña Mayor Roble es jugoso y fresco, de paso ligero pero con final sabroso.
Esta referencia de Bodegas Emilio Moro representa la combinación perfecta entre frescura y sencillez, lo que lo convierten a Finca Resalso en un vino equilibrado y expresivo. Se trata de la versión más fresca y joven de su tempranillo, que ha sido elaborada con los viñedos de menor edad de esta emblemática bodega de Ribera del Duero. Un dato interesante es que durante 12 días este vino macera con sus propios hollejos para, posteriormente, hacer la fermentación maloláctica durante 30 días en depósitos de acero inoxidable. Si buscas un vino redondo y fácil de beber, estás de enhorabuena.
Dejamos la Ribera del Duero para adentrarnos en El Priorat. Allí, las viñas de Scala Dei hacen posible un vino que reúne tres conceptos que nunca deberían faltar en un tinto joven: frescura, fruta y sencillez. Elaborado principalmente con uva garnacha, que es con la que trabajan mayormente en esta bodega de la Sierra de Montsant, El Tribut tiene la expresión pura de la fruta y del terroir. Concretamente, de la grosella, la frambuesa y el casis. Todo ello hace que en boca resulte agradable y persistente, a pesar de haber pasado un breve espacio de tiempo en barrica. Puede ser la mejor pareja de baile para carnes asadas, quesos curados, jamón ibérico y otros embutidos de calidad.
Este reconocido productor comenzó a embotellar sus vinos en 1970, cuando todavía muchos en la zona vendían a granel. Y ese expertise ha hecho posible que, con el paso de los años, la bodega de Villabuena (Álava) cuente con varias etiquetas que podemos considerar icónicas. Una de ellas es Luis Cañas Tinto Maceración Carbónica, que destaca por su vibrante gama de aromas y sabores, por las notas florales que se mezclan con matices de frutas rojas maduras, como cerezas y frambuesas, y por ese inconfundible toque de regaliz en el fondo. Una vez lo pruebas, se convierte en uno de los habituales de tu fondo de armario.
Otro clásico, pero ahora de Ribera del Duero. En este vino joven encontramos todo el carácter propio de un tempranillo. Se trata de un coupage de diferentes parcelas en las que se localizan viñedos de unos 25 años. Tras llevar a cabo una vendimia manual y la correspondiente maceración con hollejos durante 15 días, este gustoso vino de color cereza pasa alrededor de 4 meses en barricas de roble francés y americano. ¿El resultado? Un vino con buena estructura, frutal, fresco, con paso goloso, equilibrado y con taninos suaves que lo hacen muy agradable.
El de Arturo de Miguel Blanco es uno de los proyectos más personales y fascinantes de la nueva Rioja. Y no lo decimos solo por referencias como Pies Negros o Finca de los Locos, sino por aquella con la que empezó todo. Nos referimos a un tinto joven que obtienen tras aplicar la técnica de la maceración carbónica, muy habitual en la Rioja Alavesa, y llevar a cabo técnicas típicas de la viticultura ecológica en el campo. Una vez en bodega, el mosto fermenta con el racimo entero a fin de obtener un vino tan frutal como goloso.
Nacido en los años 80, Cillar es un vino que, directamente, no pasa por madera. Te sorprenderá por sus aromas elegantes de frutas rojas y negras, minerales y florales que derrochan juventud y vitalidad. En boca es frutal, sabroso y con esos taninos amables que nunca deben faltar en un tinto fino. Gracias a su refrescante acidez, es perfecto para todo tipo de tapeo (desde una tortilla de patatas a unas croquetas), pero funciona igual de bien con embutidos, pescados azules a la plancha, arroz negro o pollo en diversas preparaciones.
Cerramos este listado de tintos jóvenes a seguir muy de cerca con una de las joyas que firma Bodegas Riojanas. De entre todas las parcelas de cepas viejas de tempranillo, a una altitud de más de 400 metros, su enólogo Emilio Sojo y su equipo técnico seleccionaron los viñedos más idóneos para poder crear este vino. Te enamorará si buscas frescura, fruta y la máxima expresividad de esta variedad. La maceración se lleva a cabo con los hollejos, buscando una mayor complejidad aromática y cromática, y su breve estancia en barrica de roble le confiere un carácter más complejo y una mayor estructura.
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