En algo más de un siglo, un plato callejero como la hamburguesa logró un hueco preeminente en las cocinas de casa y en restaurantes de postín. Te contamos la historia de su viaje de Europa a América donde este plato de origen alemán se convirtió en símbolo de la cultura estadounidense.
Allá por el siglo XIX, en la ciudad alemana de Hamburgo era muy popular un filete elaborado con carne de vacuno picada y condimentada con ingredientes como ajo, cebolla y especias, lo que denotaba ciertas influencias culinarias de la Europa del Este. Conocido como filete de Hamburgo, era un plato habitual en los menús de los restaurantes de la época; también mencionado en libros de cocina decimonónicos. El filete de Hamburgo se servía al plato acompañado de verduras u hortalizas.
En este mismo siglo, comenzaron a producirse las grandes migraciones hacia Estados Unidos donde a partir de 1820 comenzaron a llegar millones de europeos, especialmente de Irlanda y Alemania en busca de una vida mejor. Con la llegada de estos migrantes, el filete de Hamburgo se popularizó en los grandes puertos como el de Nueva York, sirviéndose como una opción económica para las clases trabajadoras. El paso decisivo que afianzó su popularidad fue el comercializar el filete entre dos panes, lo que facilitó su consumo callejero.
A finales del siglo XIX, esta preparación ya era conocida como hamburger, aunque no fue hasta después de la I Guerra Mundial cuando triunfó la abreviatura burger.
Recreación de un antiguo filete de Hamburgo tal como se servía en el siglo XIX.
En pleno siglo XXI, la hamburguesa es un alimento consumido en (casi) todos los lugares del mundo, y existen versiones gourmet, elaboradas con ingredientes de alta calidad, acompañadas de panes artesanos; también preparadas con otras carnes más allá del vacuno, como las de pollo o de cerdo ibérico, y/o enriquecidas con hortalizas y verduras.
Las opciones son infinitas, además de que en distintos países se han creado variantes locales adaptadas a las tradiciones gastronómicas propias.
Sácalas de la nevera al menos unos 10 o 15 minutos antes de cocinarlas. Si se trata de hamburguesas de vacuno, calienta bien la sartén a fuego medio-alto y añade unas gotitas de aceite de oliva. Con el aceite caliente añade las hamburguesas. Si prefieres la carne poco hecha, cocínalas sin aplastarlas durante 3-4 minutos por cada lado, sumando 1 o dos minutos más por lado si la prefieres al punto.
Si te gusta añadirles un toque de pimienta, adelante (hazlo durante la cocción), pero no añadas sal, ya que las hamburguesas preparadas ya vienen condimentadas.
Si optas por hamburguesas de cerdo ibérico o mixtas, el proceso de cocción es similar, aunque al ser una carne más grasa, no necesitarás añadir aceite de oliva en la sartén. Cocínala, eso sí, durante 4 o 5 minutos por cada lado.
En primer lugar, sácalas de la nevera unos 10 o 15 minutos antes de cocinar. Calienta la sartén a fuego medio con un poco de aceite de oliva. Cuando esté caliente, cocínalas sin aplastarlas durante 4 o 5 minutos por lado. En el caso de las hamburguesas de pollo, hay que asegurarse de que estén bien cocinadas por dentro. Para asegurarte la cocción, puedes bajar un poco el fuego después de sellarlas por fuera y tapar la sartén durante algo más de un minuto para que se cocinen bien en su interior sin quemarse.
Picantes, semidulces, exóticas, clásicas y sorprendentes, son muchas las salsas que puedes emplear para sazonar tu hambuguesa. Eso sí, no conviene poner demasiada cantidad ya que enmascararás el sabor de la propia carne y añadirás calorías innecesarias.
Para controlar el aporte de calorías, la mejor elección es la mostaza amarilla o la mostaza de Dijon, ya que ambas contienen muy pocas calorías y son muy bajas en grasas.
La hamburguesa, aunque sea un plato rápido, no tiene por qué ser una comida poco nutritiva. Si la acompañas de alimentos saludables, podrás darte un capricho sin remordimientos. Opta por hortalizas frescas (corta lechuga, tomate, pepino sazona con un poco de pimienta y sal Maldon en escamas o sal Maldon ahumada para darle un toque gourmet), reduce el aporte de salsas (nadie dice que tengas que echar el bote entero), elige panes gourmet de masa brioche y… ¡disfruta!
Elige tu pan en cuestión de gustos y necesidades. Los hay con masa brioche, clásicos de hamburguesa (con o sin sésamo), en tamaño maxi, de cristal, sin gluten o al estilo rústico XXL, entre otros.
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